El hombre de hoy tiene la sensación de que las catástrofes naturales se suceden en los tiempos actuales con una frecuencia, fuerza y peligrosidad como nunca haya sucedido. Sin embargo, la historia natural de la Tierra nos dice que nuestro planeta se encuentra en una de las fases más dulces y que la vida, en sus orígenes, se abrió paso entre cataclismos más potentes que los actuales.

Hay algo de inevitable en las catástrofes, la componente de fuerza natural y otra componente más remediable, que es el desastre que se produce entre las poblaciones humanas. Los primeros hombres de la historia sabían acomodar su comportamiento social a los ritmos naturales, para ello elevaban al rango de dioses a las fuerzas de la naturaleza, por lo que se aseguraban una actitud de respeto y adaptación, lo que les permitía una mayor supervivencia. El hombre actual, más creyente en la tecnología que en aquellos dioses, tiende a vivir o bien ignorando estas fuerzas naturales o sintiéndose a salvo de ellas a través de la tecnología, lo que eventualmente le obliga a pagar un alto precio

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Terremoto

Un terremoto, también llamado seísmo o sismo o temblor de tierra es una sacudida del terreno que se produce debido al choque de las placas tectónicas y a la liberación de energía en el curso de una reorganización brusca de materiales de la corteza terrestre al superar el estado de equilibrio mecánico. Los más importantes y frecuentes se producen cuando se libera energía potencial elástica acumulada en la deformación gradual de las rocas contiguas al plano de una falla activa, pero también pueden ocurrir por otras causas, por ejemplo en torno a procesos volcánicos, por hundimiento de cavidades cársticas o por movimientos de ladera.


Origen



El origen de los terremotos se encuentra en la acumulación de energía que se produce cuando los materiales del interior de la Tierra se desplazan, buscando el equilibrio, desde situaciones inestables que son consecuencia de las actividades volcánicas y tectónicas, que se producen principalmente en los bordes de la placa.
Aunque las actividades tectónica y volcánica son las principales causas por las que se generan los terremotos, existen otros muchos factores que pueden originarlos: desprendimientos de rocas en las laderas de las montañas y el hundimiento de cavernas, variaciones bruscas en la presión atmosférica por ciclones e incluso la actividad humana. Estos mecanismos generan eventos de baja magnitud que generalmente caen en el rango de microsismos, temblores que sólo pueden ser detectados por sismógrafos.


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